Escudo Ejército de la República Oriental del Uruguay, La Fuerza de Todos.
Escudo Heráldico Departamento de Estudios Históricos del E.M.E.

1992 - 19 de mayo - 2017

 

El inicio de los Batallones Uruguay en el marco de las Naciones Unidas

a 25 años de la Misión de Paz en Camboya

Mag. José María Olivero

En la actualidad, las noticias sobre la participación de Uruguay en misiones de paz parece algo normal, la sociedad uruguaya, como tal, se encuentra acostumbrada a la actuación de nuestro país en el sostenimiento de la precaria paz a nivel internacional con contingentes militares que lejos de conquistar, buscan ayudar, con su misión humanitaria, a las poblaciones de otras regiones del mundo.

 

Sin embargo, esto que parece ahora tan natural, tuvo, como todo,  un comienzo, y precisamente en este año 2017 se cumplen los 35 años del primer contingente de transporte de la misión en el Sinaí, que marcó la paz entre Egipto e Israel, así como los 25 añosa del primer Batallón Uruguay, antepasado directo en lo espiritual y en lo estructural del actual Batallón Uruguay IV que actúa en la República Democrática del Congo y de los Batallones Uruguay V y VI que colaboran en la recuperación de Haití.

 

Justamente, con motivo del primer Batallón Uruguay realizamos esta pequeña reseña, en la cual no debemos olvidar tampoco el  entorno y las consecuencias que tuvo. Somos, sin embargo, injustos con sus componentes, pues es muy difícil resumir una misión tan compleja, como lo fue la que se realizó en ese lejano lugar llamado Camboya, donde todavía la memoria de este pequeño país de  Sud América permanece viva entre la población local.

Una tradición en búsqueda de la Paz

 

Especialmente desde los albores del siglo XX, Uruguay ha sido una nación de sólidos principios en materia de su relacionamiento internacional. La no intervención en los asuntos internos de otros países, la libre autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de las controversias internacionales a través del diálogo y la negociación, el multilateralismo y el establecimiento de amplias relaciones diplomáticas por encima de condicionamientos ideológicos, han caracterizado la política exterior uruguaya.

 

Como consecuencia, para nuestro país la única garantía para una convivencia pacífica con el resto de las naciones es la firme, incondicional y plena aplicación y respeto de los principios de Derecho Internacional. En consecuencia su acción exterior ha estado siempre al servicio del ser humano, la justicia, la cooperación, la paz y la seguridad.

 

En el siglo XX y en este naciente siglo XXI, ese pensamiento ha tenido reiterada aplicación práctica, constituyendo un aspecto destacado la acción por la paz desarrollada en las misiones que le ha tocado participar por diferentes acuerdos y organismos internacionales.

 

En este aspecto es importante indicar que si bien las misiones más numerosas y conocidas son las que se realizan en el marco, no han sido y son las únicas. En  acuerdos de pacificación particulares, nuestro país, considerando que su participación puede afianzar estas iniciativas ha contribuido en la medida de sus medios,  constituyendo el Ejército Nacional uno de los instrumentos para alcanzar tal fin.

 

Desde 1929, con las primeras misiones ante el enfrentamiento de Bolivia y Paraguay en el Chaco Boreal, hasta el ya referido contingente del Sinaí, en el marco del acuerdo de Camp David a partir de 1982, con un Agrupamiento Especial de Transportes e Ingenieros, se constituyó en origen con 76 miembros, a las operaciones de los observadores militares del Uruguay en el marco de la ONU los militares uruguayos han cumplido un destacado rol, tanto desde el punto de vista militar como humanitario.

 

A estas experiencias, a partir de 1992 surgen los batallones Uruguay, el primero de los cuales tratamos aquí, significaron un nuevo paso en el la vocación por la paz del Ejército Nacional, iniciando un proceso de crecimiento, no solo en el compromiso internacional, sino en el número de personal y material. Éstos han dejado importantes enseñanzas, algunas logradas a costa de un gran esfuerzo, y han fortalecido la posición del Ejército Nacional como una fuerza profesional y responsable a nivel internacional.

 

El Primer Batallón Uruguay, hacia un lejano país llamado Camboya

 

Entre las variadas noticias que se recibían y reproducían en la prensa de comienzos de la década del 90 en Uruguay, surgían cortos artículos sobre el complejo proceso de paz en un país asiático llamado Camboya, ubicado en la península Indochina, a 22.000 kilómetros de Uruguay. El aspecto más destacado estaba dado por la vieja relación de ese país asiático con la guerra de Vietnam y el genocidio, que había sufrido a partir de 1975, por parte del gobierno de Pol Pot y sus “Khmer Rojos”, buscando crear un “hombre nuevo” desconectado de las tradiciones culturales previas. Era un país solo un poco más grande que Uruguay, contaba con 181 kilómetros cuadrados, pero frente a sus más de 10 millones de habitantes, se calculaba que existían, matando y mutilando, entre 8 y 10 millones de minas terrestres, además del armamento de los combatientes.

 

Produciendo en todo caso horror por la situación del país, en especial el genocidio que había sufrido la opinión pública y las Fuerzas Armadas de Uruguay lejos estaban de saber que en poco tiempo se verían envueltas en el proceso de paz allí.

 

Mientras tanto, en el marco de la ONU, se concretaba la misión UNTAC (United Nation Transitional Authority in Cambodia) surgida de los Acuerdos de París de l992, la cual constituyó un esfuerzo complejo, no solo por la situación del país, destrozado por una guerra que llevó a extremos de genocidio, sino también por la amplitud de actividades al realizar: militar, electoral, administración civil, derechos humanos, actuando como garante de un proceso de paz y como intermediario entre las facciones enfrentadas.

 

Esta operación donde la posibilidad de utilizar la fuerza armada, era considerada "el último recurso", obligó a una compleja coordinación de los países participantes, 29 en total (no todos con componente militar) con 22.000 miembros provenientes de Asia, África, Europa y América bajo la autoridad de la ONU Esto significó la conjunción de una variedad de fuerzas, idiomas y formaciones; ideologías y religiones de gran complejidad. No obstante constituyó una escuela, en donde aprendiendo de errores y aciertos, la ONU basó su accionar en futuras misiones en un mundo globalizado donde se perdía la referencia de la lucha de bloques entre superpotencias y surgía un medio internacional con una creciente complejidad.

 

En este marco, y buscando concretar una idea de por sí muy ambiciosa, el 10 de abril de 1992, la ONU  solicita a Uruguay, voluntarios para integrar una fuerza de paz en Camboya.. La magnitud de la fuerza requerida, por otro lado, no tenía precedentes en el ámbito uruguayo: un Batallón de Infantería de 850 hombres, el cual debía estar, en principio, en el teatro de operaciones antes del comienzo de la estación de las lluvias.

 

Las autoridades nacionales, ante este extraordinario pedido, contestaron condicionando la participación a la autorización parlamentaria y a la superación de los problemas logísticos que suponía una operación de tal envergadura. Finalmente, el 6 de mayo de ese año la autorización solicitada por el Poder Ejecutivo al Poder Legislativo para acceder al envío de las tropas requeridas por la ONU, recibió la aprobación de la Cámara de Representantes.

 

La actuación del Batallón Uruguay, a partir de ese momento llevaron tal nombre y fue heredado por las subsiguientes misiones nivel batallón, necesariamente nos obliga a realizar algunas precisiones que explican los hechos de una operación sin precedentes en el Ejército Nacional, que a su vez incluía un grupo componente de la Fuerza Aérea., mientras la Armada Nacional actuaba con su propio despliegue en el país asiático.

 

Precisamente, la conformación del batallón se da en el marco de una participación uruguaya en la cual intervinieron efectivos de las diferentes fuerzas militares del país en forma separada o integrada. Así, la participación de Uruguay se compuso finalmente:

 

  • En el Estado Mayor de UNTAC participaron un oficial superior, dos jefes y tres oficiales.

 

  • Observadores Militares.

 

  • El Batallón Uruguay al cual nos estamos refiriendo, URUBATT en sus siglas en inglés, abre la participación de otras unidades del Ejército Nacional en misiones de paz con el mismo nombre y solo diferenciados por el número. Compuesto por un oficial superior, 8 jefes, 36 oficiales y 805 personal subalterno. Esta unidad, si bien correspondía fundamentalmente en su composición a elementos del Ejército Nacional, tenía incluido un componente aéreo compuesto por oficiales y personal subalterno pertenecientes a la Fuerza Aérea Uruguaya. Solo considerando a los miembros del Ejército Nacional que participaron, su número totalizó, en toda la misión 1.330, desglosados en 88 oficiales 1.242 personal subalterno.

 

  • Un contingente naval de la Armada Nacional compuesta con un total de 84 fusileros navales y 43 observadores. Primera participación de la Marina en una Misión de Paz, comenzó el 17 de noviembre de 1991, siendo aprobada recién su acción por ley 16.256 del 12 de mayo de 1992, que establecía en principio 17 observadores embarcados y 42 fusileros navales para acantonamiento en bases navales. Formando parte de una fuerza de 180 hombres compuesta por nuestro país, Canadá, China, Filipinas, Gran Bretaña Nueva Zelandia y Rusia. Su misión era la de controlar la costa y aguas interiores, apoyar a las bases y contingentes militares, controlar el funcionamiento de las puertos tanto desde el punto civil como militar y entrenar personal camboyano que pudiera actuar como policía marítima una vez retirado el contingente.

 

  • Policía Militar, catorce personal  subalterno, en este caso siete del Ejército Nacional y 7 de la Fuerza Aérea.

 

 

Para las fuerzas uruguayas esta participación significó un nuevo rol. Es de recordar que desde la Guerra de la Triple Alianza en el siglo XIX, signada por fines muy diferentes que los de este momento, no había salido un volumen de tropas tan importante. Sin embargo ahora no se salía para hacer la guerra, sino para asegurar la paz.

 

A su vez, el nivel de movilización que exigió esta misión significó un verdadero reto. La misión con mayor número de componentes que hasta ese momento operaba en el exterior era la de la Península del Sinaí en el marco de la MFO, que resulta muy reducida para compararla con el esfuerzo del Batallón Uruguay I. En la nueva misión, la fuerza militar de UNTAC incluyó 15..900 efectivos militares cuya organización incluía Cuarteles Generales y Estados Mayores de la Fuerza en varios puntos del Sector; Grupo de Apoyo Aéreo; Unidad de Comunicaciones; Unidad Médica; Policía Militar; Batallón Logístico y Elemento Naval.

 

Asimismo la misión de UNTAC era a término, máximo de 18 meses, en la cual se rotó el 50% del contingente en enero de 1993. Pero sin duda el apoyo a este volumen humano representó un verdadero desafío logístico. En efecto significó unas 750 toneladas de material y equipo y la necesidad de un suministro continuo de abastecimientos mientras estuviera desplegado el Batallón, cosa que difícilmente se logró.

 

Una mención aparte, merece la operación de transporte y despliegue de gran complejidad, que recibió el nombre distintivo de Gorila Blanco, referencia surgida espontáneamente en el grupo humano del Batallón desde las bromas e interrogantes creadas mientras se organizaba la misión. Era un símbolo que resumía  las expectativas creadas con respecto a esta. El Gorila blanco, ser inexistente, se convertía en un ser que habitaría en las profundidades de la selva camboyana,  atesorando todas las respuestas sobre el país al cual se dirigía la misión, las cuales  solo podían develarse  cuando el Batallón demostrara sus posibilidades de adaptarse a este lejano país. Se jugaba así con la fantasía, asociando a este antropoide, habitante de la selva, de color blanco (símbolo de la bondad), con la misión humanitaria a la cual partían nuestras tropas.

 

Fue un ser que se tornó tan emblemático que no podía faltar en el escudo que se diseñó para este traslado, allí aparecía con un rifle en la espalda, vincha a lo "Rambo" y un distintivo de grado en el brazo, mostrando su identificación con la misión. Tampoco fue olvidado en los carteles que, con la leyenda "Bienvenidos a la tierra del Gorila Blanco",  recibieron al Batallón en U Tapao y luego en la misma Camboya, portados por los miembros de la Misión avanzada.

 

Iniciado el traslado el 15 de junio de 1992, el 12 de julio se tomaba  el mando del Sector correspondiente a Uruguay compuesto por las provincias de Preah Vihear, Stung Treng, Rotanokiri y Mondolkiri, con Cartel General en la ciudad de Stung Treng, cubriendo una extensión de 50.000 kilómetros singados por las montañas, selvas, áreas de cultivo y el omnipotente río Mekong y sus afluentes.

 

La evolución de la misión marcó finalmente un trabajo constante de 14 meses actuando en el Sector 4, el mayor de todos los establecidos por la ONU, sobre las fronteras de Tailandia y Vietnam, en los cuales luego del despliegue inicial hubo una modificación del área de acción, con el abandono de la provincia de Preah Vihear sobre la frontera de Laos para absorber la de Kratie sobre la vietnamita. En total, entre los dos contingentes, fueron 1.330 orientales, que colaboraron con la salida de Camboya de la guerra civil que desde hacía años sufría

 

En la compleja misión asignada, durante la cual, en enero de 1993 se renovó la mitad del batallón así como su jefatura, se pasaron por momentos de peligro, como el ataque a las bases W 1 y 4, la captura y posterior liberación de la patrulla “Cóndor” cuando se estaba buscando el diálogo con los comandantes del Khmer Rojo en Kratie, o las continuas dificultades en las actividades de vigilancia, patrulla, detección de campos minados o custodia de los observadores militares y  encargados de viabilizar las elecciones para normalizar el país.

 

Asimismo, en el relacionamiento con la población, víctima de tantos sufrimientos, a la cual se buscaba apoyar con los reducidos medios sanitarios del Batallón, pero sobre todo con la bonomía y actitud franca de los integrantes del contingente militar uruguayo, se acuñó una frase que luego ha sido repetida por las poblaciones en las diferentes áreas de acción de los posteriores batallones Uruguay: “Uruguayo amigo”,  grito no de guerra, sino de hermandad que dejó muy en alto el honor del soldado uruguayo en este lejano país..

 

En todas las misiones que se le asignó, el Batallón Uruguay se mostró exitoso, si bien tuvo su costo en vidas, bajo en relación al resto de los batallones en la misión, pero sin embargo dolorosas para los hombres que actuaron a su lado y para un país orgulloso de su tradición de paz pero también de la protección que concede a sus habitantes: el cabo 2do. Gabriel López Steinhardt, fallecido a consecuencia de la malaria el 12 de abril de 1993 y el soldado de 1ra. Gerardo Aquino Pereira, muerto en un ataque del Khmer Rojo a una custodia uruguaya de un grupo de ingenieros polacos el 31 de mayo de ese mismo año.

 

Si bien la misión culminaba oficialmente el 15 de setiembre de 1993, ante la normalización de la situación camboyana luego de las elecciones exitosas de mayo de ese año, comenzó en el mes previo el repliegue de los batallones llamados por la ONU. En este marco, el 9 de agosto, en la Base Aérea Nº1 e iluminados por los reflectores del Grupo de Artillería Anti Aérea Nº1, desembarcaba en suelo oriental el primer contingente de tropas del Batallón Uruguay I a las 7 de la mañana. Frente a un público emocionado, compuesto por familiares, amigos y curiosos, se estimaba que había unas 1.000 personas, los 433 elementos que retornaban a la patria fueron recibidos con el Himno Nacional mientras las autoridades saludaban al Personal Superior del mismo y se tocaban marchas militares mientras descendía el resto del personal. Trasladados a diferentes unidades para su chequeo médico, luego recibieron la licencia para reunirse con sus familiares.

 

El segundo contingente retornaba el 18 del mismo mes culminando, en los hechos, la misión

 

Pocos días después del retorno, el 20 de agosto de 1993, en el mismo ámbito físico donde se había pasado revista a la unidad antes de partir, el Complejo Deportivo del Ejército Comando General del Ejército, se procedió a la condecoración del Pabellón del Batallón Uruguay I, reuniendo a los componentes del primer contingente y los que habían retornado recientemente de ese país. En una ceremonia formal, pero también emotiva, se realizó entre otros actos, un toque de silencio por los fallecidos en la misión, la entrega simbólica de distintivos a los participantes de la misma y se leyó el decreto por el cual se condecoraba con la Medalla al Merito Militar el pabellón de la unidad, acto que se realizó en ese momento.

 

Esta era la primera vez que se realizó este homenaje, que se ha repetido en cada misión, constituyendo un símbolo de la entrega y sacrificio de los integrantes de las misiones de paz del Ejército Nacional. Luego de este hecho, altamente simbólico, se estableció la desactivación del batallón, el cual desfiló por última vez en el lugar.

 

Algunas reflexiones finales

 

El proceso, complejo, se logró con las felicitaciones  por parte de las autoridades de las Naciones Unidas ante la actuación de las fuerzas uruguayas. Marcando diferentes aspectos rescatables y resaltables, positivos y negativos constituyó a pesar de algunos aspectos menores una misión finalmente exitosa, logrando estabilizar el país y desarrollar elecciones.

 

Para las fuerzas uruguayas esta participación significó un nuevo rol. Pese a que las fuerzas orientales participaban de las Misiones de Paz desde hacía muchos años, el nivel de movilización que exigió esta misión significó un verdadero reto.

 

En un sentido más amplio, para el ámbito político y social del Uruguay, contribuyó a un espacio  de discusión que abrió las puertas a la aceptación de futuras misiones de paz de nivel batallón, permitiendo al Uruguay presentarse como país que ayuda a la pacificación a nivel internacional a pesar de su pequeñez relativa.

 

En este ámbito, actualmente el Ejército Nacional mantiene tres Batallones Uruguay en actividad, el IV en la República Democrática del Congo, y los V y VI en Haití, manteniendo una tradición de servicio a la paz en el marco de las Naciones Unidas, que tiene sus raíces en ese primer Batallón Uruguay que con tantas dudas y esperanzas se organizó en el ya lejano 1992 y que tomó como emblema el mítico gorila blanco que expresaba ese desconocimiento y ansias de ayuda que se plasmó, y sigue plasmando, en la actividad de la institución.

 

Paso fundamental, el Batallón Uruguay I ha dejado una indeleble memoria y ejemplo que ha sido seguida con honor por los posteriores batallones.

 

Terminemos estas reflexiones finales con dos fragmentos, que marcan la preocupación inicial, pero a la vez la sensación de haber realizado una obra que superaba la simple realización de una misión bien cumplida

 

El 17 de mayo de 1992, el coronel Leonel Milone, en la reunión que se realizó con los oficiales de la misión antes de su partida a Camboya, expresó:

 

“Aquí, lo que está en juego, por encima de los nombres y las jerarquías de quienes tenemos la responsabilidad de llevar adelante esta misión, es el prestigio de nuestras Fuerzas Armadas y del País. Todo el mundo debe ser consciente de que del esfuerzo de cada uno dependerá el éxito de la misión y de la iniciativa y el sacrificio de todos, la seguridad y un buen retorno de nuestros soldados. Lo que Ustedes no hagan, nadie lo puede hacer por Ustedes.”  (1)

 

Una vez iniciada la misión, muchos integrantes de la misma, de todos los rangos, realizaron sus reflexiones sobre lo que significaba ésta, Tomemos solo uno, el del cabo 1ro. Juan Pisan que no considera los hechos desde un punto de vista estratégico, o desde la responsabilidad de la autoridad, sino desde la visión de un miembro más de la misión:

 

“La tropas deben sentirse y se sentirán tremendamente orgullosos de haber estado en CAMBOYA, jamás fueron tan apreciados.  Son saludados  permanentemente a su paso, son tropas salvadoras, vinieron a pacificar y lo están haciendo profesionalmente. Padres y madres sonríen y saludan a su paso, los niños y saludan  al dicho  de: HOLA AMIGO; URUGUAY, y son retribuidos y sonríen y los toman de las manos y caminan  a su costado. Son consientes que estamos para brindarles la paz añorada por años, para olvidar por siempre las barbaries de los hombres que dañó a un país entero. URUGUAY se imborrable de CAMBOYA, jamás será olvidado.” (2)

 

A su vez, y tal como ha escrito el entonces Teniente Coronel Arquímedes Cabrera , segundo Jefe del primer contingente del Batallón Uruguay:

 

“LOGRAR  LA  PAZ NO ES UN PIC NIC”

 

1 Varios. “El Ejército uruguayo en misiones de paz 1935-1993”,,  ibid., p. 192.

2 Fragmento de “Reflexiones de un veterano en Camboya”. Archivo Batallón Uruguay I, Dpto. EE.HH. del EME., sin numerar, carilla 3.

 

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